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Ediciones Battaglia * lapluma-nin * Periodismo * Norma I Núñez * ¡TU! PLUMA
*A ñ o 4 - Nº 46 - Abril de 2 0 0 8*
Ediciones
Battaglia * lapluma-nin*
Buenos Aires * Ultima actualización *
20-4-2008
ENTRAR
E.B.-WEB-1997/\2008
ENTRAR
EDITORIAL: Cuando escribir es tan necesario como respirar, no se puede escribir con límites.
Investigar sobre los hechos que ocurren en nuestra sociedad, analizar sus consecuencias aunque a algunos les moleste, los enoje o queden al descubierto.
Un periódico debe proponerse ciertos objetivos, uno de ellos, el principal es dar información certera de los hechos.
para ello se requiere independencia, y La Pluma ha encontrado en EDICIONES BATTAGLIA la libertad de dar a conocer sus investigaciones y pensamientos.**
La verdad debe llegar a todos
los que la buscan.
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ÚLTIMA NOTA (4)
INVESTIGACIONES DE "LA PLUMA": Norma I. Núñez
NUEVOS PROYECTOS PARA LA TIERRA
Parte 1) ¿Porqué EE.UU. no firma el Protocolo de Kioto?
Parte 2)e Qué esconde el denominado "Escudo antimisilístico"
Parte 3) PROYECTO HAARP
3-A: Reseña e Introducción
3-B: Desarrollo y Prueba (proximamente)
3-C: Conclusión...(proximamente)
Este trabajo de investigación llevó meses de preparación. Es posible que a algunos lectores de La Pluma les parezca irreal, fantasioso, tremendista o mentiroso. Dejo al lector que saque sus propias conclusiones.
3-A
BREVE RESEÑA DEL PROYECTO HAARP
BREVE
RESEÑA DEL PROYECTO HAARP
Las siglas HARRP significan: High Active Auroral
Research Project. (Programa de investigación
de la aurora activa de alta frecuencia), que formaría parte de la Iniciativa de
Defensa Estratégica (SDI) ("Star Wars".) Su objetivo: modificar las
condiciones de la ionosfera introduciendo cambios químicos en su composición
(lo que llevaría consigo un cambio climático), o bien bloquear las
comunicaciones mundiales.
Según algunos historiadores, todo comenzó con
Tesla. Hay abundante bibliografía sobre él en Internet, de la cual seleccioné
lo más importante: El pionero en materia de tecnología de modificación
ambiental geofísica, era el físico y genio Nikola Tesla, sobre cuyos inventos
se dio a conocer en la edición del New York
Times del 8 de diciembre del año 1915. “Es perfectamente viable (dice el Dr.
Tesla) transmitir energía eléctrica sin alambre y producir efectos
destructivos en espacios muy distantes. Ya he construido un transmisor inalámbrico
que lo hace posible, y lo he descrito en mis publicaciones técnicas, en las
cuales me refiero a mi número de patente, 1119732, que se me ha otorgado
recientemente. Con transmisores de este tipo estamos en capacidad de proyectar
energía eléctrica en cualquier cantidad hacia cualquier distancia, y aplicarla
con innumerables fines, tanto en la guerra como en tiempos de paz.” Conste aquí,
que Nikola Tesla mismo consideró como su descubrimiento más importante las
ondas estacionarias terrestres, descubrimiento con lo cual Tesla pudo probar,
que la tierra podría ser utilizada como un conductor eléctrico y respondería
a vibraciones eléctricas de determinada frecuencia. Tanto su tecnología de
transmisión inalámbrica de energía eléctrica como su descubrimiento de la
resonancia terrestre resultan hoy cruciales en la tecnología de modificación
ambiental geofísica .Otro de los pioneros en esta misma materia era el psicólogo
y físico, Dr. Wilhelm Reich, quien, en el marco de su descubrimiento de la
presencia de energía cósmica en la atmósfera planetaria, llevó a cabo, a
partir de los años 40 del siglo pasado, una serie de investigaciones y
experimentos energéticos y de modificación meteorológica en su famoso Centro
de Investigación “Orgonon, en Rangeley, Maine, Estados Unidos. Las
actividades de Reich fueron vigiladas por instancias del gobierno estadounidense
y su trabajo científico, no obstante la campaña de difamación y posterior
destrucción de la cual fue víctima, sirvió sin duda alguna de base para el
desarrollo de la moderna tecnología de modificación ambiental geofísica. En
este mismo ámbito, otro pionero era el Dr. Irving Langmuir, quien, junto a
Vincent Schaefer y Bernard Vonnegut, se desempeñaron , entre muchos otros
campos científico , en el área de física atmosférica, específicamente en la
formación de nubes, y condujo una serie de experimentos llamados “cloud
seeding (sembar nubes), entre 1947 y 1957. Sobre estos experimentos, décadas más
tarde se llegó a constatar lo siguiente:“ El primer esfuerzo científicamente
controlado y monitoreado y que fue reconocido por la comunidad metereológica en
general como una verdadera modificación meteorológica, occurió en el año
1948, cuando el Dr. Irving Langmuir experimentó por primera vez con la siembra
artifical de nubes, con el objeto de producir lluvia. Sus experimentos revelaron
resultados positivos, que despertaron un tremendo interés en este ámbito casi
de la noche a la mañana. Desde los años 50 del siglo pasado, los gobiernos
estadounidenses de turno llegaron a considerar explícitamente el potencial
militar de las tecnologías de modificación meteorológico-climática,
estimando que el efecto de su implementación bélica llegara a ser aún mayor
que él de la propia bomba atómica; incluyendo la “ventaja de que cualquier
manipulación climática quedara oculta detrás de los propios procesos
naturales atmosféricos, que a menudos suelen exhibir ocurrencias irregulare.
Entre los años 1967 y 1972, los EE.UU. procedieron a hacer el primer uso sistemático
y hostil conocido en la historia de las técnicas de modificación
ambiental-meteorológica, en el marco de la Guerra de Vietnam, en una operación
secreta que fue desclasificada, bajo la presión del Congreso Estadounidense, en
el año 1974. La operación se llevó a cabo bajo el código “Operation
Popeye” como una misión militar secreta, que se efectuó sobre los
territorios de Cambodia, Laos y Vietnam del Norte y Sur, abarcando un lapso de
tiempo de nada menos que cinco años entre 1967 y 1972, y consistiendo en
“sembrar nubes e inducir lluvias, siendo el objetivo militar dificultarle el
movimiento de recursos y tropas a los Vietnamitas del Norte y al Viet Cong. El
origen de los fuertes tifones y de las torrenciales lluvias ocurridas en 1971 en
Vietnam del Norte, se relacionaron con dicha operación. Pasada la Segunda
Guerra Mundial, después del invento de la fisión nuclear y la producción de
la nefasta bomba atómica, se inició una secuencia de experimentos científicos
en el marco del creciente interés militar centrado en la atmósfera de la
tierra y en su espacio exterior, consistiendo en la detonación de bombas
nucleares en diferentes capas de la atmósfera planetaria con el propósito de
estudiar el impacto de las explosiones nucleares de altura elevada, específicamente
de el Pulso Electromagnético causado por ellas, sobre las transmisiones de
radio y los controles por radar. Igualmente, se propuso estudiar la reacción y
el comportamiento del campo geomagnético que rodea la tierra después de las
detonaciones. Los experimentos con detonaciones nucleares también se llevaron a
cabo debajo de la superficie terrestre. Cabe señalar, que tanto los EE.UU. como
la Unión Soviética realizaron este tipo de experimentos e investigaciones.
La científica Rosalie Bertell hace un resumen comprimido de los
experimentos y proyectos más audaces llevados a cabo por los EE.UU., algunos de
larga duración y con vigencia hasta el presente, y en el cual destacan los
siguientes programas: Los experimentos Aarhus de 1958 y Starfish de 1962,
consistían en la detonación de bombas nucleares de monstruosa potencia en la
ionosfera y la estratosfera - ésta última contenedora de la capa de ozono -, y
tenían como objetivo el estudio y posible uso militar. A causa de las
detonaciones se formaron huecos en la capa de ozono, y entre las demás
consecuencias figuraban no sólo un efecto multiplicador del grado e intensidad
de la radiación ionizante, sino la formación de capas de radiación
enteramente nuevas en la atmósfera, previamente inexistentes. Conste, que los
experimentos realizados al comienzo de los años 1960 por los EE.UU y también
por la Unión Soviética, causaron modificaciones graves en los campos magnéticos
denominados “Cinturas Van Allen”, en una altura de 7700 y 51.500 kilómetros
respectivamente, que según estimaciones científicas tardarán centenares de años
en restablecerse a su estado anterior. El proyecto SPS o “Solar Power
Satellite Project” de 1968, estudiaba la viabilidad de transmitir la radiación
solar desde satélites vía microonda a antenas receptoras en la tierra, en
miras de sustituir la energía fósil y reemplazarla un 100% con energía solar
para el año 2025, pero el proyecto fue descartado por su alto costo. La revisión
del mismo proyecto en 1978 respecto a su posible uso militar consideraba el
desarrollo de un “arma rayo láser anti-misil", lanzado o dirigido desde satélites
colocados en órbita terrestre. A partir de los años 80, la Red de Emergencia
de Ondas Terrestres, “Ground Wave Emergency Network o GWEN” por sus siglas
en inglés, empezó a operar, un sistema nuevo de radiocomunicación de
emergencia, resistente a las interrupciones que sufren los sistemas
tradicionales de comunicación en un ambiente hostil-nuclear. Los rayos de luz o
fotones invisibles, llamados “rayos oscuros (dark beams)” en base de los
cuales opera este sistema, contribuyen en un proceso complejo a la formación de
huecos en la capa de ozono. En el marco de los proyectos Orbit Maneuvering
System (1981) e Innovative Shuttle Experiments (1985 hasta el presente) y
durante las misiones de los Space Shuttle (transbordadores espaciales), se
inyectaron deliberadamente cantidades de gases a la ionosfera con fines de
inducir huecos ionosféricos y estudiar, entre otros efectos, la modificación
que sufría el camino de propagación de las ondas de radio, que se reflejan en
la ionosfera. Respecto al expreso impacto ambiental de las misiones
“Shuttle”, Rosalie Bertell observa lo siguiente: A lo largo de los años
1980, a nivel global, se efectuaron entre 500 y 600 lanzamientos de cohetes al
espacio por año, y en 1989 alcanzaron un número máximo con 1500 lanzamientos.
Había mucho más durante la (primera) Guerra del Golfo.
El Shuttle (Transbordador Espacial) es el más grande de los cohetes de
combustible sólido, con dos cohetes portadores de 45 metros de largo. Todos los
cohetes tipo combustible sólido expulsan grandes cantidades de ácido clorhídrico
en sus gases de escape, y cada viaje del Transbordador inyecta alrededor de 75
toneladas de cloro – destructor del ozono - a la estratosfera. Los
transbordadores lanzados desde 1992 inyectan aún más cloro, a saber 187
toneladas por viaje, a la estratosfera, que contiene la capa de ozono.
HAARP: Programa de Investigación de Aurora Activo de Alta FrequenciaUno de los proyectos de tecnología de modificación ambiental geofísica más controversiales en la actualidad es el Programa de Investigación de Aurora Activo de Alta Frecuencia, o HAARP por sus siglas en inglés (High Frequency Active Auroral Research Program). Este programa se inició en 1991 y constituye un experimento gigantesco, manejado por la Fuerza Aérea y la Marina Estadounidense en conjunto con el Instituto Geofísico de Alaska y en asociación de intereses con Raytheon Corporation, Lockheed Martin Corporation, Science Applications International Corporation (SAIC), que son corporaciones que se desempeñan en el ámbito de tecnología de defensa, inteligencia y tecnología espacial, y con la Defense Advanced Research Agency (DARPA). El programa HAARP se conduce desde Gakona, Alaska, a unos 300 kilómetros al noroeste de Anchorage, con fines de “comprender, simular y controlar los procesos ionosfericos que podrían alterar el funcionamiento de sistemas de comunicación y vigilancia”. Las bases científicas del proyecto HAARP tienen su fundamento, entre otros, en un invento de Bernard Eastlund, un estudioso de los trabajos de Nikola Tesla, que fue patentado en 1985 bajo el número 4,686,605, titulado “Method and Apparatus for Altering a Region in the Earth's Atmosphere, Ionosphere, and/or Magnetosphere“ (Método y aparato para alterar una región en la atmósfera de la tierra, la ionosfera, y/o magnetosfera). La energía radioeléctrica del “calentador ionosférico” de Eastlund se centra y apunta hacia un determinado punto en la ionosfera, capaz de proyectar un concentrado monto de energía sin precedentes a la ionosfera, el cual puede llegar a “calentarla, levantarla y modificarla”. Según el patente, esta tecnología puede interferir con e interrumpir los sistemas más sofisticados de guía de mísiles y aeronaves, inundar vastas regiones de la tierra con ondas electromagnéticas de diferentes frecuencias, y controlar y manipular estas ondas de manera que se puedan interrumpir sistemas de comunicación en tierra, mar y aire; también menciona la manipulación meteorológica mediante modificaciones en la composición molecular de la atmósfera. Sobre la capacidad general del invento, la patente dice lo siguiente:“… Este invento brinda la capacidad de colocar cantidades de energía sin precedentes en la atmósfera planetaria, en ubicaciones estratégicas, y de mantener el nivel de inyección de energía, particularmente si se emplean pulsaciones aleatorias, de una manera mucho más precisa y mejor controlada que lo que hasta ahora se ha logrado por la técnica anterior, específicamente por las detonaciones de bombas nucleares de diferentes magnitudes en diferentes alturas.” Las instalaciones de HAARP consisten en un campo gigantesco de transmisores y 180 antenas de alto poder, que efectivamente envían, de manera invasiva y apuntada, energía radioeléctrica de alta frecuencia hacia partes previamente seleccionadas de la ionosfera, con el objetivo de modificar la región seleccionada y obtener una serie de efectos determinados. Mediante la modulación de las corrientes eléctricas que fluyen en ciertas capas de la ionosfera, por ejemplo, se inducen ondas de frecuencia extremadamente baja, u ondas ELF por sus siglas en inglés (Extremely Low Frequency). Estas ondas ELF son capaces de penetrar cualquier cosa viva o muerta. Por esta misma característica, las ondas de frecuencia extremadamente baja son de sumo interés para el ámbito militar, porque penetran la tierra y logran localizar tanto instalaciones militares escondidos debajo de la superficie terrestre como también depósitos subterráneos de recursos naturales, es decir, las ondas ELF realizan una especie de “tomografía penetradora de la tierra” ; posibilitan además la comunicación con submarinos, son capaces de detectar objetos volantes como aviones o misiles hasta detrás de la curvatura terrestre, y pueden bloquear la comunicación por radio y electrónica del enemigo.
El Proyecto HAARP forma parte del arsenal de
armas del Nuevo Orden Mundial bajo la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI).
Desde puntos de comando militar en los EE.UU., se podría potencialmente
desestabilizar economías nacionales completas a través de manipulaciones climáticas.
Lo que es más importante, esto puede ser implementado sin que el enemigo tenga
conocimiento de ello, a un costo mínimo y sin comprometer a personal o equipo
militar como ocurre en una guerra convencional.
Este proyecto podría tener impactos
potencialmente devastadores en el clima del mundo. Respondiendo a los intereses
económicos y estratégicos de los EE.UU., podría ser utilizado para modificar
selectivamente el clima en diferentes partes del mundo, lo que resultaría en
perjuicio de sistemas agrícolas y ecológicos.
También el Departamento de Defensa de los
EE.UU. ha destinado recursos substanciales al desarrollo de sistemas de
inteligencia y monitoreo de los cambios climáticos. La NASA y la Agencia de
Imaginería y de Mapas del Departamento de Defensa (NIMA, su sigla en inglés)
trabajan en "imaginería para estudios de inundaciones, erosión, peligros
de deslizamientos de tierras, terremotos, zonas ecológicas, pronósticos del
tiempo, y cambios climáticos" con información transmitida por satélites.
En
funcionamiento
Aunque hay poca evidencia demostrable de
que el HAARP haya sido utilizado, las conclusiones científicas sugieren que está
en condiciones de pleno funcionamiento en la actualidad. Lo que significa que
HAARP podría ser utilizado potencialmente por los militares de los EE.UU. para
modificar selectivamente el clima de una "nación inamistosa" o de un
"estado delincuente" a fin de desestabilizar su economía nacional.
Los sistemas agrícolas tanto en los países
desarrollados como en vía de desarrollo ya están en crisis como resultado de
las políticas del Nuevo Orden Mundial que incluyen la desregulación de los
mercados y el dumping de las materias primas. Se ha documentado ampliamente que
la "medicina económica" impuesta al Tercer Mundo y a los países del
antiguo bloque soviético por el FMI y el Banco Mundial, ha contribuido en gran
parte a la desestabilización de la agricultura nacional. A su vez, las
provisiones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) han apoyado los
intereses del puñado de conglomerados agro-biotécnicos occidentales en su
intención de imponer semillas genéticamente modificadas (GMO) a los
agricultores en todo el mundo.
Sin duda los gobiernos nacionales y las
Naciones Unidas deberían considerar las posibles consecuencias del Proyecto
HAARP y de otras "armas no-letales" sobre el cambio del clima que
pueden llevar a la extinción de cierta parte de la humanidad. A continuación,
algunos adelantos del PROYECTO.
Crean
la primera aurora boreal artificial
Científicos norteamericanos crearon sin
pretenderlo una aurora boreal artificial a 100 kilómetros de altitud que fue
apreciable a simple vista. Lo consiguieron utilizando un potente sistema militar
dedicado al estudio de la ionosfera, la capa más alta de la atmósfera. El
sistema militar empleado no es otro que el Haarp, construido por el Pentágono
en Alaska en los años noventa. Consiste en un potente complejo de antenas que
ha sido objeto de polémica porque algunos críticos le acusan de perseguir el
control del clima con fines militares, así como el dominio sobre las
comunicaciones de radio planetarias. Fuente: Revista Tendencias Científicas.
21/02/2005: Científicos norteamericanos
han conseguido crear una mancha luminosa en el cielo, en mitad de uno de los fenómenos
más impresionantes de la naturaleza, la aurora boreal. La mancha se vio a
simple vista, sin necesidad de telescopio. Fuente: Revista Nature.
Se trata de la primera micro-aurora boreal
artificial de la historia, factible gracias a la emisora de radio más potente
del mundo. Su efímera creación pudo verse con los ojos, aunque los
investigadores la siguieron a través de las pantallas de sus instrumentos de
trabajo.
Las auroras boreales se forman en la capa
más alta de la atmósfera, a entre 70 y 150 kilómetros de altura desde la
superficie terrestre. La actividad solar produce partículas que son lanzadas al
espacio, grandes cantidades de rayos ultravioletas y de rayos X, así como
corrientes de protones y electrones.
El brillo auroral se desencadena cuando
los protones y electrones penetran en la magnetosfera terrestre (que actúa como
escudo protector para el planeta frente a las partículas cargadas de radiación
cósmica que llegan desde el espacio) y colisionan con las moléculas de gas de
la atmósfera.
Esta colisión excita las moléculas de
gas de la atmósfera produciendo una luminiscencia que se proyecta en la
ionosfera. La ionosfera es la región de la atmósfera en la que se producen las
auroras y es también la que posibilita la comunicación a larga distancia por
radio, ya que las diferentes regiones de la ionosfera reflejan las ondas
radiales de regreso a la Tierra.
En Alaska esta enorme instalación ha sido
utilizada a menudo para enviar potentes impulsos de radio (ondas electromagnéticas
de alta frecuencia) hacia la ionosfera con el fin de calentar su plasma. Algunos
críticos temen que estos experimentos sean llevados a cabo para calcular las
posibilidades de manipulación climática con fines militares, o bien para
intentar perturbar las transmisiones de radio a larga distancia (que se reflejan
en la ionosfera), aparte de las transmisiones de señales a frecuencia ultra
baja para comunicar con submarinos a gran profundidad o para realizar
observaciones subterráneas de gran precisión.
La creación de la aurora boreal
artificial fue casual. Los investigadores del Haarp por lo general no usan los
instrumentos cuando se están produciendo auroras boreales, ya que la actividad
natural es más intensa que las perturbaciones que pueden generar las antenas.
Sorpresa
en el cielo
En esta ocasión, sin embargo, en vez de
esperar a que desapareciera una aurora boreal natural que ocurría una noche de
marzo de 2004, los investigadores del Haarp encendieron las antenas y las
orientaron hacia una región algo más baja (100 kilómetros de altura), que la
que generalmente es excitada en sus experimentos.
Para su sorpresa, los telescopios ópticos
detectaron un punto verde brillante que aparecía y desaparecía en el cielo.
Salieron fuera y observaron el fenómeno a simple vista: sin pretenderlo, habían
provocado una aurora boreal artificial, lo que en teoría permitirá profundizar
en el conocimiento de este fenómeno.
El calentamiento de las capas altas de la
atmósfera se practica desde los años sesenta del siglo pasado para estudiar
directamente el comportamiento de los electrones en un medio tan particular, lo
que según sus artífices permite trabajar con un laboratorio de plasma a gran
escala. Se denomina plasma a un gas a alta temperatura en el cual los átomos
han perdido electrones, quedando con una carga eléctrica positiva y moviéndose
libremente.
Otro
descubrimiento vinculado al HAARP
Consiguen el efecto óptico de la invisibilidad
a nivel microscópico
Una capa de ondas de electrones puede
detener la dispersión lumínica que hace a los objetos visibles a los ojos
Una nueva forma de conseguir el efecto óptico
de la invisibilidad ha sido desarrollada por ingenieros de la Universidad de
Filadelfia. La técnica consiste en reducir la visibilidad de los objetos, desde
cualquier ángulo, deteniendo la dispersión lumínica que emiten. Lo consiguen
recubriendo los objetos de una capa de ondas de electrones (plasmones). Cuando
los objetos resuenan en sintonía con las emisiones de plasmones de la capa,
sencillamente no pueden ser vistos por el ojo humano. La técnica sólo es
aplicable todavía a nivel microscópico, si bien podría emplearse también
para ocultar naves espaciales de los radiotelescopios.
La idea de una capa capaz de volver invisible
aquellos objetos que envuelve parece ciencia ficción, y nos remonta sin duda a
las divertidas escenas de las novelas infantiles de Harry Potter. Sin embargo,
ingenieros electrónicos han dado ahora con la manera de fabricarla, aunque
todavía sólo a nivel microscópico, informa Nature.
La clave del concepto radica en reducir la luz
dispersada. Podemos ver los objetos gracias a la luz que rebota desde ellos. Sin
embargo, si se llegara a detener esta dispersión lumínica y si los objetos no
absorbieran ninguna luz, se volverían invisibles. El dispositivo que Alù y
Engheta han ideado suprimiría por tanto la dispersión de la luz resonando en
tonalidad con la luz que alumbra mediante el uso de plasmones.
Los plasmones son ondas de electrones que
se originan cuando los electrones se mueven rítmicamente por la superficie de
un material metálico. Tradicionalmente se han considerado un sumidero de energía,
y por tanto una limitación para la aplicación de los metales en la óptica.
Sin embargo, se ha avanzado en el
acoplamiento de radiación electromagnética a estos plasmones, en las
posibilidades de modificar su recorrido y de extraer su energía en forma de
radiación. Es decir, se empiezan a tener los elementos básicos que combinados
pueden formar dispositivos ópticos u opto-electrónicos más complejos, como el
del experimento de referencia.
Posibles aplicaciones
Los investigadores de la Universidad de
Pensylvania afirman que una capa o una cobertura hecha con un material compuesto
por plasmones esparciría mal la luz, si la frecuencia lumínica fuera similar a
la frecuencia resonante de los plasmones. De esta forma, la dispersión lumínica
procedente de la capa cancelaría la emisión lumínica del objeto.
Los cálculos de Alù y Engheta's han demostrado
que objetos esféricos o cilíndricos recubiertos con escudos plasmónicos
producen una dispersión de luz muy pequeña. De esta forma, cuando los objetos
resuenen con las emisiones de plasmones de la capa en la longitud de onda
apropiada, no podrán verse.
Sin embargo, más allá de esta longitud de onda concreta, la capa dejaría de funcionar, además de que deben coincidir la longitud de onda emitida por los plasmones con la de la luz que emiten los objetos para que el artefacto sea efectivo.
Por esta razón, sólo podrán hacerse invisibles de momento los objetos microscópicos, y los objetos grandes sólo podrán ocultarse por radiaciones mucho mayores como las de las microondas. Esto significaría que la tecnología aún no va a usarse para esconder a personas o a vehículos de la visión humana.
Las aplicaciones de esta tecnología irían más bien desde la fabricación de materiales antirreflectantes, al aumento de la resolución de los microscopios, que podrían sobrepasar su capacidad de visualización al hacer invisible todo lo que rodea, a ese nivel, aquello que se quiere visualizar.
Asimismo, este mecanismo podría servir para ocultar grandes objetos como naves espaciales de sensores o radiotelescopios que utilizan radiación de larga longitud de onda, en lugar de luz visible, para la observación astronómica.
Andrea Alù y Nader Engheta, de la universidad de Pennsylvania en Filadelfia, afirman que esta cubierta puede convertir a los objetos en casi invisibles para el observador. La idea está aún en un estadio inicial, pero al parecer no viola ninguna ley física.
En esta entrega di a los lectores de la Pluma, solo parte de algunos descubrimientos y aplicaciones. En la próxima entrega veremos que ocurrió con el Tsunami de Indonesia.
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